El fenómeno La Niña sigue instalado como desde finales del invierno. A lo largo de todo el trimestre de primavera, sólo en una semana de octubre, el enfriamiento promedio logró superar ligeramente el medio grado centígrado. Durante todo el mes de noviembre, el apartamiento del umbral de neutralidad se resumió en una marca negativa de 0.4°C. Esto se caracteriza como un estado débil de La Niña y estimamos que esto ha redundado en una afectación menor o incluso imperceptible sobre el patrón pluvial del trimestre septiembre-noviembre. Se han concretado zonas secas, pero de manera aleatoria, sin respetar un patrón conducente como el que se observa cuando una Niña moderada o fuerte domina el trimestre de primavera.
A pesar del paso favorable de la primavera, el mes de diciembre es un mes en que la señal estadística de La Niña es todavía importante. Si bien hay otros factores concurrentes que fuerzan este final de año con lluvias escasas en vastas zonas agrícolas del sudeste de Sudamérica, debemos considerar que el enfriamiento del Pacífico, aún débil, puede estar promoviendo estas deficiencias pluviales.
El permanente monitoreo de la situación en la zona del Pacífico ecuatorial, alimenta modelos de pronóstico que perfilan la continuidad del escenario Niña al menos hasta el mes de marzo. No obstante esto, ningún modelo anticipa un aumento del enfriamiento. Por lo tanto, analizando el antecedente directo de la primavera, la afectación pluvial que viene mostrando diciembre y las previsiones, debemos concluir que estamos saliendo del periodo donde La Niña puede hacer más daño en la región pampeana. Por lo pronto las lluvias generalizadas se harán esperar hasta entrado el mes de enero. Sin embargo, si La Niña es la causante de los desajustes pluviales de diciembre, los mismos deberían reacomodarse favorablemente en la transición hacia la segunda quincena de enero.
El comportamiento actual de las precipitaciones confirma el riesgo de deficiencias hídricas que La Niña impone para la floración del maíz. Si bien la soja comienza a resentirse por la falta de agua, si las precipitaciones llegan antes de mediados de enero, el estrés hídrico que hoy sufre la oleaginosa, quizá no se traduzca en pérdida de rendimientos.