Durante las últimas tres semanas del mes de Junio la temperatura superficial del Pacífico Ecuatorial Central se ha mantenido, en promedio, medio grado por debajo de los valores normales. Esto comienza a afianzar un enfriamiento que por el momento no genera influencias sobre la circulación atmosférica. Remarcamos que en todo el trimestre frío esta indicador no tiene peso sobre la evolución de las precipitaciones sobre las áreas agrícolas principales del sudeste de Sudamérica (ver mapas de impacto del ENOS sobre las precipitaciones).
En el mapa se destaca la franja sobreenfriada en el Pacífico Ecuatorial Central. Los modelos de pronóstico van consensuando soluciones frías para finales de agosto y el comienzo de la primavera. Parece poco probable que la situación de neutralidad, que apenas se ha sostenido en el mes de junio, pueda proyectarse durante un mayor lapso de tiempo. Por el momento el indicador primario -que es la anomalía de la temperatura superficial del mar- está en el límite con lo que ya debe considerarse La Niña débil. En resumen, está aumentando la probabilidad de que se concrete un evento La Niña para la primavera, pero por el momento no se definiría de manera intensa.
Bajo escenarios La Niña y dependiendo de su intensidad, los flujos de humedad del norte se resienten. Por lo general esto se refleja en una señal deficitaria en el régimen pluvial en una buena parte de la región pampeana y en el NEA. Sin embargo, hoy por hoy, este indicador debe tenerse en cuenta como un factor negativo pero sería prematuro considerar hoy por hoy que se expresará de manera relevante. En muchos casos pueden darse condiciones de escala regional que compensen el potencial riesgo de un evento La Niña. La situación se complica cuando este indicador gana intensidad, la cual, por el momento, es apresurado establecer.